¿Qué pide un atleta de un entrenador?



La importancia de un entrenador


El entrenador es figura fundamental dentro del atletismo y por tanto hay que cuidar con esmero su formación. Allá donde hay un entrenador, existe atletismo. Sin entrenador el atleta verdadero no sale adelante, el club no funciona y por consiguiente la actividad atlética desaparece. Los entrenadores no se pueden quedar atrás, si lo hicieran correrían el riesgo de desaparecer o caer en la monotonía y vulgaridad de conocimientos, prácticas en desuso o muy limitadas. Hoy en día no se entiende al entrenador estático, si no aquel con amplias capacidades capaz de adquirir y desarrollar una formación permanente, mediante un reciclaje continuo. Así pues, en su formación deben existir las bases que luego le permitan investigar, leer, informarse, etc., sin un techo que les impida desarrollarse lo que quieran y su capacidad les permita.


¿Qué pide un atleta de un entrenador?


Cuando un entrenador prepara un atleta se produce un hecho educativo en las dos direcciones. El atleta aprende y se forma, y el entrenador hace otro tanto. Todo entrenador debe crear inteligencia en su pupilo, entendiendo esto como la posibilidad de darle los suficientes conocimientos, aprendizajes y vivencias para que pueda comprender y ejecutar los mandatos.


La gran parte de los atletas expresan la importancia de la capacidad y conocimientos del entrenador, pero dejando de lado este aspecto, surgen los siguientes aspectos que un atleta requiere que su entrenador sea: orientador, asesor, informador, motivador, mediador, negociador, instructor, sustituto del padre, sustituto de la madre, organizador, portador de valores, administrador y ejecutivo, oficinista, policía, planificador, evaluador, adaptador, persona de recursos, etc., etc., etc. debido a que el entrenador adquiere un papel muy importante en el atleta, éste debe tener valores muy bien fundamentados.


En un entrenador como en cualquier ser humano, se dan los tres estados básicos de la personalidad: PADRE, ADULTO, y NIÑO. Si predomina “PADRE”, se dará una actitud paternalista en el trato. A veces puede ser bueno, pero si el atleta es maduro, puede darse le caso de llegar a cansarse de tanto “papá” que chilla y da órdenes ineludibles. Si fuese “ADULTO” podrá ocurrir otro tanto. Tanta seriedad no es buena y obliga a corresponder con actitudes adultas obligadas o fingidas que a la larga acaban de cansar. Si lo que destaca es “NIÑO”, las cosas pueden ir bien con los infantiles o algunos juveniles. De libres para arriba es fácil que rápidamente no quieran saber nada de él. El entrenador tiene un rol, si es asumido por el atleta todo va bien. Si no, comienzan los problemas.


La motivación


Como entrenador, hay una serie de condiciones que le hacen que sea buen o mal motivador y por ello, en un porcentaje muy alto, buen entrenador o malo. Debe tener buen humanismo, personalidad, presencia, humor, incluso buen estado físico, pero sobre todo ser un buen comunicador, con gran confianza en sí mismo. Autoestima y rendimiento van perfectamente unidos, si esta es grande, el atleta irá para adelante y el éxito estará asegurado.


Por: Javier Gutiérrez

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